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domingo, 9 de noviembre de 2008

Los clubes de barrio - Parte II


Bien de barrio

Mi amigo Cacho, mentado ya en otras estampas tangueras, se hizo hincha de Gimnasia y Esgrima de la Plata a los 9 años, después de una conversación conmigo. Una tarde calurosa después de tomar leche con Toddy le pregunto: “¿Cómo no vas a ser tripero?”. Y así fue. Claro, todavía no llamaban a Gimnasia “El lobo”, por la ubicación de su cancha cerca del bosque. Esto recién sucederá en la década del 50. Mi formación preferida era… la pucha, no me acuerdo. Mejor dejo ese dato para otra ocasión.

Pero no solo me “tiraba” el más famoso club de fútbol de la ciudad de las diagonales. El club de mis recuerdos infantiles estaba en 9 y 70, y era bien de barrio. Se llamaba sencillamente Club Unión Vecinal. Recuerdo aún el aroma de las galletas compradas en el almacén de su esquina, acompañando un buen vaso de leche.

Nuestro club tenía su fecha dilecta para el tango: las murgas de carnaval. Los festejos se extendían varios días: domingo, lunes y martes. La última jornada terminaba temprano, porque al otro día todos volvían al laburo. En esos días los almanaques llevaban las fechas marcadas en rojo y eran feriado-feriado. Y para todo el mundo. Y la gente que podía juntar unos mangos se iba por ahí, a Mar del Plata, como los fines de semana largos de ahora. Para los que nos quedábamos, como mi familia, se armaban los desfiles callejeros. Mi hermana, de cuatro años entonces, acostumbraba a disfrazarse en casa con sus amiguitas, no sin cierta vergüenza. En el medio de la calle, en realidad en el centro de las dos calles, los socios armaban dos palcos con los chicos del barrio, y largaba el desfile infantil. Los pibes saludaban, y al cierre hasta había entrega de medallas y todo. Era una felicidad de la que todos (y nadie) eran dueños. El palco se armaba y desarmaba para otras ocasiones también. Eran épocas de buenos bailes, con orquestas que atraían gente de todos lados. Cerrando la década del 40, las formaciones típicas de D’Arienzo, y Roberto Firpo animaban el carnaval. Había que asistir disfrazados, escondidos detrás de caretas y ponchos, aunque igual todos supiéramos quién era quién. ¿Se acuerdan de esas estrofas que decían “…todo el año es carnaval?”

Para los años 50 yo ya había dejado el barrio para estudiar arquitectura en Tucumán, ciudad de referencia por la calidad de su enseñanza universitaria. Los amigos de la barra, siguiendo el “sueño del pibe”, fundaron un nuevo club en la sede de la Escuela Nº 65 de La Plata (actual Bartolomé Mitre, en 67 y 8). Al Sr. Luis Elberdin, que alquilaba su casa al Ministerio, le ofrecieron comprarle el terreno. Luego de un cruce de opiniones, decidieron vender, y el club selló así su suerte. Ahora hay unos grises departamentos. Un “Luna de Avellaneda” que llevó por nombre real “Club Cultural y Deportivo Dante Alighieri”. Entre esos “locos de la azotea” recuerdo especialmente a Tito Natale. Como dato curioso, según la carta de fundación el presidente debía tener la ciudadanía italiana. Su único presidente fue el Sr. Pirani, hasta donde yo sé. A pesar de su función social y cultural, no faltaban las partidas de truco o dominó, matizadas con unas “grapas” o un “tinto”. Mi papá, cuando paraba el camión repartidor y bajaban las bebidas para la cantina, decía en tono irónico “Vení, nene, vení, que están bajando libros para la biblioteca del Club”.


Memorias del Tucumán de ayer

En el Tucumán de mitad del siglo pasado, si de lugares para bailar se hablaba, había dos posibilidades: el cabaret o el club de barrio. Siendo una provincia del noroeste llama la atención que los asistentes a esas veladas siempre prefirieran el tango bailable al folclore. ¿Tendrá que ver con que Tucumán haya sido cabecera del corredor ferroviario hacia el puerto de Buenos Aires?

Y hablando de trenes, el Ing. Raimundo P. Buiatti., quien ya en otra ocasión hizo aportes al autor de estas líneas, compartió con nosotros la historia del Club Atlético Central Córdoba, de la Ciudad de San Miguel de Tucumán. Este club fue fundado el 18 de septiembre de 1914 por un grupo de empleados de Ferrocarriles Argentinos. Sus bailes de carnaval tenían gran aceptación entre socios y concurrentes. En los festejos de 1953 estuvieron invitados los famosos “Angelitos” (D’Agostino y Vargas). Además de tangos, sonaban pasodobles y milongas, hasta que a fines de los 50 entraron los ritmos tropicales: el baión y el chachachá.

La competencia de Central Córdoba, en términos musicales, era el “Solar de los Deportes” (donde solía tocar Juan D’Arienzo). El Solar estaba en calle Lavalle entre Próspero Mena y Miguel Lillo, y era un anexo del Club Atlético San Martín. Como dato anecdótico, el mencionado predio tenía también un cine al aire libre. Además estaban la Confitería “Casal” en la esquina de la Avenida Mate de Luna y Alem, “Parque Molina” en el Barrio de Floresta, y el Tango – Bar del Parque 9 de Julio, al estilo de “lo de Hansen” en Palermo.


Chan, chan!

Luego de nuestro recorrido por las calles de la memoria, no cabe duda que los clubes de barrio y el tango se conocen desde hace tiempo. Y hay muchos "Lunas de Avellaneda" en cada ciudad, en cada pueblo, en tantos barrios... Estos lugares, verdaderos teatros sociales, siempre serán el crisol donde se amalgaman vida, amor, amistad, fundando y refundando lazos. Ud... ¿conoce el suyo?

miércoles, 30 de julio de 2008

El humor en el tango


I. En 1911, Ricardo Güiraldes escribe en París: “Tango severo y triste. Tango de amenaza. […] Tango fatal, soberbio y bruto”. Un poco por sus orígenes, un poco por sorda repetición, nos fuimos haciendo la idea de que el tango es tristeza, melancolía, dolor, frustración. ¿Y la risa? “Estará en la milonga, quizás, o el candombe”, apuntará algún otario. Pero lo cierto es que en ese ámbito sórdido y fulero del tango pretérito, también hubo lugar para notas alegres sobre un fondo constante de tristeza. Los versos a veces son “una alegría que ruge y se dilata en carcajadas que huelen a alcohol”, como afirma Last Reason (seudónimo de Máximo Teodoro Sáenz, periodista uruguayo). Ecos de burla, de “cachada” cruel. Otras veces los poetas del tango usan el lenguaje llevado al límite, en clave de fina ironía o festiva travesura, describiendo mordazmente su realidad. Estamos hablamos, por supuesto, del humor.

Entiendo al humor como el hallazgo de algo diferente en aquello que ya no percibíamos por su cotidianeidad. El otro lado de las cosas. La prehistoria del tango está llena de versos picarescos, muchos de ellos burdos y sin calidad. Pero las letras de humor marrullero florecieron allá por los años 30. Los invito a explorar algunas estrofas notorias, usando el diccionario de lunfardo para aquellos que pierdan el hilo de la argumentación.

II. Para comenzar, tomemos “Haragán” (Tango, 1928), de Enrique Delfino y Manuel Romero. En su letra amalgama sátira y humor, cuando describe a una mujer “tirándole la bronca” a su pareja, que no quiere “laburar”:

¡Salí de tu letargo!
¡Ganate tu pan!
Si no, yo te largo...
¡Sos muy haragán!

Haragán,
si encontrás al inventor
del laburo, lo fajás...

[…]

Si en tren de cara rota
pensás continuar,
"Primero de Mayo"
te van a llamar.

Recordamos al lector extranjero o no avisado, que el 1º de mayo se festeja en Argentina el día del trabajador y es –por supuesto- feriado.

III. Otro ejemplo es “Al mundo le falta un tornillo” (Tango, 1933) de E. Cadícamo y J. M. Aguilar, el guitarrista de Gardel. Aunque la más difundida entre las versiones es la del uruguayo Julio Sosa, fue registrada en el año 33 por Carlos Gardel en una interpretación excepcional. Su letra trasunta los problemas de toda una época, incluyendo el crack de la bolsa norteamericana, el famoso viernes negro de 1929:

Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao...
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!

Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.

Y la conclusión del autor lleva también una jocosa recomendación “técnica”:

Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa' ver si lo puede arreglar.

IV. Nuestro tantas veces citado Enrique Santos Discépolo fue un maestro en el uso de la reflexión agresiva y el humor cáustico, como lo expresa en “Qué vachaché”, “Qué sapa señor” y -por supuesto- en su pieza más difundida: “Cambalache”. No le era indiferente tampoco un humor más melancólico y hasta nostálgico como lo demuestra en “Malevaje”, “Victoria!” y “Chorra”. Para no citar en demasía, refiero al lector a los vínculos presentes en el texto, y así podrá recorrer in extenso las canciones aprovechando el vehículo tecnológico de estas palabras.

Laura Ana Merello, más conocida como “Tita” se convirtió con “Se dice de mi”, (Milonga, 1943, Música: Francisco Canaro, Letra: Ivo Pelay), en un ejemplo del mejor humor con tonalidad autocrítica. La “vedette rea”, como fue conocida por mucho tiempo, supo sacar provecho a esta canción escrita originalmente para un cantante masculino, y finalmente coronada por el éxito en el film argentino de 1955 “Mercado de Abasto”.

Si fea soy
-pongámosle-
que de eso
ya yo me enteré,
más la fealdad
que Dios me dio
mucha mujer
me la envidió
y no dirán que me creí
porque modesta siempre fui.
Yo soy así.

Más cercanas en el tiempo, rescato otras dos representaciones: “Magoya”, canción escrita por María Elena Walsh e interpretada por Susana Rinaldi, y una parodia de tango registrada en el segundo disco de ese conjunto humorístico argentino, tan genial como original, llamado Les Luthiers. La primera hace referencia a un personaje imaginario llamado “Magoya”, a quien se suele culpar cuando algo sale mal o se pretende eludir alguna responsabilidad. En la segunda, sus autores toman “en clave de solfa” el vocabulario tanguero y un tema tradicional como es el de “la mina que se va del bulín”, pero con un desenlace totalmente inesperado. Escuchen:

Hay un coso que nunca da la cara,
Dios berreta que está en ninguna parte,
comodín que inventás para quejarte
cada vez que te venden un buzón.

Andá, contásela a Magoya
la de convoys que nadie te creyó,
discurso de milicos
o cheque volador.
Estamos hasta aquí de cuentos chinos.

(Magoya, Tango, 1971, Música: Héctor Stampone, Letra: María Elena Walsh)

Por qué te fuiste mamá
poca ropa me lavabas,
por qué te fuiste mamita
raras veces te pegaba.
Por qué te fuiste viejita
por qué ya no estás mamá.
Como madre hay una sola
amurado me largas.
Si no me pasas más guita
me vua' vivir con papa.

(Pieza en forma de tango, Tango, 1972, Letra y Música: Mario Abraham Kortzclap, [Les Luthiers])

V. Por último quiero dejar constancia de mi agradecimiento al Ing. Raimundo Pedro Buiatti, que en un asado familiar –y entre sendas copas de vino tinto- me arrimó este magistral ejemplo de tango humorístico que se llama “Hipo”, y que les dejo como “frutilla del postre”. La versión de referencia es la de Juan D’Arienzo y su Orquesta Típica, en la voz de Alberto Echagüe.

Esperando haber generado en Uds. otro sabor distinto al del “arrabal amargo”, tan típico del tango, me despido muy atentamente.

Su Seguro Servidor,
D. Solidario Alvo

El hipo
Tango
(1951)
Música: Enrique Alessio
Letra: Reinaldo Yiso

A las nueve menos cuarto fue su última palabra;
se imaginan lo contento -esa noche ni dormí-;
era martes, martes trece, pero eso qué importaba
y a las nueve menos cuarto "como fierro" estaba allí.

Ella dijo: Clavelina... Yo le dije: Pomuceno...
Yo sentía las trompadas que me daba el corazón,
cuando dijo: ¡Caminamos!..., yo le dije, ¡Caminemos!
y justito al declararme este hipo me chapó...

Usted sabe que la quiero, (hip) que la quiero con el alma,
que es muy grande este cariño que me rompe el corazón, (hip)
que mis noches son muy largas, que no tengo ni el consuelo
de mirarme en sus ojazos y contarle mi pasión... (hip)

Yo quisiera ser vereda para sentir sus pasitos,
ser la brisa que acaricia su cuerpito virginal, (hip)
y ella me miró sonriente, con un tono de cachada, (hip)
me largó la carcajada y se fue sin saludar...

Todavía no me explico que pasó aquella noche,
tan seguro que yo iba de ganar su corazón,
por la culpa de este hipo que salió no sé de dónde,
cuando más necesitaba las palabras del amor... (hip)

Unos dicen que éste hipo es herencia de mi abuela,
o de Hipólito, mi tío; yo lo único que sé,
que por el hipo maldito me quedé sin Clavelina, (hip)
y que estoy todo quemado del verano que pasé...