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sábado, 28 de mayo de 2011

EL ESCRITOR Y SUS TANGOS (PRIMERA PARTE)




COMENTARIOS ACERCA DE “Tango, discusión y clave", de ERNESTO SABATO

Ernesto Sábato no fue un hombre de tres siglos, ni siquiera de dos (aunque las fechas sugieran lo contrario). Fue un cabal hombre del Siglo XX. Y con él recorrió su historia, que también es la de Argentina y en cierto sentido la de toda Latinoamérica. Nació en el país del Centenario, fue a la escuela con Irigoyen en la Presidencia, conoció la década infame, y también las variadas asonadas militares que mancharon las páginas de nuestra historia nacional. No esquivó a la polémica al distanciarse del peronismo, pero también fue crítico de las principales facciones de poder de la Argentina. Fue Doctor en Física, escritor, pintor, ateo manifiesto, existencialista, metafísico, creyente descreído, examinador inexorable del mundo moderno, atormentado personaje sacado de sus propias novelas. Y también gustó del tango.

Tocante a este último interés, Sabato publicó “Tango, discusión y clave” (Ed. Losada, Bs. As., 1963, 167 págs.), libro prácticamente desconocido y lamentablemente inhallable entre tanta tinta derramada sobre el tema (al menos en las grandes librerías industriales). Desde el momento en que uno lo abre, transporta al lector a una discusión que trasciende lo meramente estético (sea literaria o musicalmente hablando), ya que su autor lo dedica a Jorge Luis Borges, con estas palabras: “Y ahora, alejados como parece que estamos (fíjese lo que son las cosas), yo quisiera convidarlo con estas páginas que se me han ocurrido sobre el tango. Y mucho más me gustaría que no le disgustasen. Creameló."

El libro consta de dos partes: Tango Canción de Buenos Aires (ensayo original del propio Sabato) y Antología de informaciones y opiniones sobre el tango y su mundo. Esta segunda parte contó con la colaboración del periodista uruguayo Tabaré De Paula, Noemí Lagos y Tulio Pizzini, y consiste en múltiples lecturas sobre los temas que conforman el ámbito de reflexión tanguera, glosando autores como Fernán Silva Valdés, el mismo Jorge Luis Borges, Tulio Carella, Horacio Ferrer y celebridades extranjeras como André Gide. De esta segunda parte, quizás hablemos en otra ocasión. Hoy me reservo el placer, el honor de discutir las claves del tango que propuso magistralmente Ernesto Sabato hace casi cincuenta años.

1) HIBRIDAJE

La primera parada que propone Sabato para acercarnos al tango es el “hibridaje”. El argentino sería un notable producto del hibridaje. Si la palabra “híbrido” no tuviera cierta connotación negativa, estaría totalmente de acuerdo. Porque se trata del cruce de dos especies distintas, que paga la combinación de herencias con su esterilidad. Aunque… mejor sigamos leyendo y no juzguemos apresuradamente.

Estos tipos híbridos, esa amalgama de ideas que aporta el tango (la gente que compone tangos, que hace al tango), esas personas dicen cosas importantes, esenciales al hombre. Los primeros tangos fueron anónimos, pero no alcanzar a conocer sus nombres y apellidos, no hace a sus autores menos existentes. Y eso deriva en que el tango es tanto él, como vos y yo. Gente de a pie. No importa si estamos ahora a favor o somos críticos de esa carga histórica. Así se dieron las cosas, y como dicen, “está bien así”.

Para Sabato, entonces, un argentino sería alguien que viene y absorbe un montón de cosas y las transforma en él, y en ese acto de transformarlas en él está el tan buscado “ser nacional”. Nuestro autor lo dice así: “Negar la argentinidad del tango es un acto tan patéticamente suicida como negar la existencia de Buenos Aires”. Eso no quiere decir que el tango sea solo lo argentino, sino que implica tener en cuenta que todos los que vivimos en el Río de la Plata de entonces -antes y ahora- tenemos esa parte que se metió dentro de nosotros sin que sepamos que se estaba metiendo, y nos hizo de determinada manera, con una forma singular de ver las cosas.

El argentino será un hibrido, sí, pero eso no quiere decir que pierda su personalidad. Si el tango es hijo de los inmigrantes, de los gauchos, de los obreros, pero también de los desempleados, eso no es bueno ni es malo, es sencillamente el producto de esa mixtura, de esa diversidad y abundante herencia cultural. ¿O acaso alguien juzgará que soy bueno o malo por ser hijo de inmigrantes?, ¿O por ser hijo de un español y una criolla no soy parte del tango también? Quiero decir, sé que no aporto al tango haciendo letras o música, pero sí entendiéndolo, atendiéndolo, escuchándolo, recomendándoselo a otros. Se puede hacer mucho, con cosas pequeñas.

Resumiendo: en contra de los que consideran que una creación híbrida no puede dar frutos, lo que en biología llega a ser ley, en temas culturales no rige.

2) SEXO

El poeta Miguel Hernández insinuaba que solo hay tres temas universales: vida, muerte, amor. Sabato agrega, con fondo de tango, al sexo como tema que atraviesa los otros tres. De este apartado resalto la siguiente frase: “El prostíbulo es el sexo al estado siniestro, y el inmigrante solitario que entraba en el resolvía fácilmente su problema sexual, con la facilidad con que se resuelve en ese tipo de establecimientos”. El sentimiento erótico que plasma el tango –y sobre todo el tango danza- no es más que una forma primaria de poder, y no necesariamente propia del porteño o del rioplatense. Es cierto que algunas letras, y mucha literatura mediante, llevaron a pensar que el hombre de tango es (¿debe ser?) el más macho entre los machos.

Lo cierto es que no quisiera quedar atrapado en medio de una disputa de malevos. No me interesan tanto las cosas que hacen o hicieron, sino ciertas impresiones suyas dejadas en la compleja trama sociocultural del siglo veinte. O sea, la relación directa entre sexo y tango no me sirve, si no me explica algo de lo que es para la gente o de lo que implica para mí. Por eso prefiero rescatar otro pensamiento substancial que aporta Sabato, y es que el tango es el fenómeno más asombroso que se haya dado en el baile popular. Todo esto hace del tango una danza melancólica e introvertida, a la inversa de lo que sucede en otras danzas populares generalmente eufóricas y extrovertidas. Y esto de seguro tiene que ver con el amor, la vida y la muerte también. Es decir, con el sexo.

3) DESCONTENTO

Recorrer este apartado duele, y por partida doble. Como si fuera poco la implacable percepción que Sabato se forma sobre la sociedad argentina, sus párrafos también cifran los principales puntos en cuestión que aun hoy mellan la credibilidad del maestro, o al menos generan el rechazo de parte de sus lectores. Con esto nos referimos a la idea central contenida en su ensayo de 1959 “El otro rostro del peronismo”, donde criticó duramente el gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1955) al afirmar que "el motor de la historia es el resentimiento que, en el caso argentino, se acumula desde el indio, el gaucho, el gringo, el inmigrante y el trabajador moderno, hasta conformar el germen del peronista, el principal resentido y olvidado". No considero que Sabato necesite que lo defiendan, así que sencillamente intentaré exponer algunas ideas respecto del descontento.

A veces el tango dice lo que uno (a través del autor) piensa del otro: generalmente que hace las cosas mal. A la vez, eso no me deja reflexionar que yo también hago (o podría hacer) esas mismas cosas mal hechas. La aparente paradoja se disuelve cuando me percato que está bien que a través de un tango enjuicie, que diga eso, porque al ver el mal obrar en los otros, también me estoy mirando a mí mismo. En realidad, las letras de tango casi nunca hacen críticas, lo que hacen es describir cómo es el hombre de un lugar y una época, casi sin juzgarlo, sin poner el mote de “eso está mal” sobre sus actos. Si no, cómo entender las preferencias temáticas hacia tantos personajes atormentados: el amante abandonado, aquel que abandonó, el asesino, la prostituta, el mendigo, el reo, el polizón, entre otros variopintos.



4) BANDONEÓN

¿Qué decir del bandoneón que no haya sido expresado magistralmente ya por otro? No vale la pena remitirnos al término técnico, diciendo que es un instrumento musical aerófono, ni hacer juegos de palabras comentando que resuena a… “a-bandoneón”. En cambio sí podemos glosar a Sabato cuando afirma que es un instrumento popular germánico que supo ponerle voz a las desdichas del hombre platense. La Buenos Aires de comienzos del siglo que pasó, vivía una época de malevaje, una época de lenocinios improvisados y conventillos. Eso dice el autor y lo suscribo. Pero también por el Tango nos conocieron en Europa por antonomasia, nos plazca o no. Y el bandoneón contribuyó con su particular timbre y sonoridad a ello. O sea que vino de un barco, y echó raíces aquí solo para volver a subirse a él. Aunque toda esquematización sea por naturaleza falsa, también encierra algo verdadero.

5) METAFÍSICA

¡Qué cosas dice Ernesto Sabato! Casi al final del recorrido, cierro los ojos y pienso ¡cómo me hubiera gustado conversar con él, estrecharle la mano y reconocer en palabras la lucidez con la que entendió como “venia la mano” con el tango! Al final de cuentas lo que creía un pequeño ensayo, en realidad casi un opúsculo, un folleto, resultó ser un gran libro que sintetiza la experiencia de toda una comunidad, una filosofía y hasta un compendio de los más variados pensamientos que se hayan vertido sobre el tango.

Sinceramente, tengo que agradecer al maestro el haber compartido por escrito sus reflexiones sobre el tango, porque resumen lo que pienso, aunque dicho mucho mejor, claro está. Y en aquello que no coincido, me lleva a repensarlo y a justificarlo para que sirva a los demás, y que no quede en una mera apreciación negativa personal. Creo que soy un argentino más cuando digo y siento estas cosas, nada más que eso.

Por otra parte, no crea el lector que soy un alienado si pienso en voz alta que Sabato “me robó” las ideas. Fíjese, si no, en lo que dice: “El porteño como nadie siente que el tiempo pasa y que la frustración de todos sus sueños y la muerte final son sus inevitables epílogos, y entre copas de semillón y cigarrillos negros pregunta: te acordás hermano qué tiempos aquellos, o con cínica amargura, se va la vida, se va y no vuelve, mejor es gozarla y larga a las penas a rodar.” ¡Yo también usé esos términos, e intenté describir esas cosas en otros apuntes tangueros! Creo que acerté al camino elegido, y la lectura de este ensayo así me lo confirma. No digo que tenga razón porque piense igual, creo que lo descubrí por mis propios medios, y eso también es importante.

Para ir concluyendo: la metafísica del tango estriba en que el argentino medita sobre el paso del tiempo, mientras baila o canta. “Meditar en el paso del tiempo...” ¿se dan cuenta? Estoy seguro: este tipo me robó las ideas… excepto que no nos llegamos a conocer. Un 30 de abril de 2011 corrió a reencontrarse con Piazzolla, con Victoria Ocampo, con Jorge Luis Borges, para continuar polemizando sobre el idioma de los argentinos, y –por qué no- discutir sobre el tango también.

PS: Gracias a Internet y la internauta Alejandra Moglia, pude enterarme de la existencia de “Alejandra”, un tango escrito en 1966 por el propio Sabato y musicalizado nada menos que por Aníbal Troilo. Y por si fuera poco, otro más –este dedicado al escritor-, compuesto hace un tiempo por el joven artista Hernán Genovese, con música de Leopoldo Federico, Roberto Grela y Raúl Garello. Comparto con ella, y en memoria del maestro, sus estrofas.

A Ernesto Sabato

Tango

(s.d.)

Letra: Hernán Genovese

Música: Leopoldo Federico, Roberto Grela, Raúl Garello

I.

Fatal, profunda y gris

tu voz tumbó cien torres de marfil.

Clara como estrella que se agita en la penumbra,

recta como lanza que atraviesa el de la zurda.

Túnel sin fondo tu corazón

en la tiniebla más atroz tu sangre igual resplandeció.

II.

Despierto en la mitad

de un sueño sin edad

la noche te dejó sin luna,

pero nunca sin soñar.

Y en esa larga oscuridad,

qué forma de guapear

por seguir compadre del lucero

y esperar un sol, una verdad,

la pluma por fusil y un reino que ganar.

Quien quiera ver

tan sólo tiene que saber mirar

con este rayo de luz…

Para renacer

la noche nos dará

la seña de la cruz del sur.

I bis

Tenaz como un clarín

tronó sin paz tu voz antes del fin.

Justa como el ángel al final de la Escritura,

viva como el héroe que se yergue de la tumba.

Vuelto una antorcha tu corazón

por mil caminos de inquietud tu sangre en otra sangre ardió.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

La última del año



Precisamente hoy, se nos va el 2008. “Justo el 31”, diría un humorista tanguero. La última del año. Y así es, nomás. ¿Vieron como todo el mundo hace balances? Desde el contable del banco, hasta el “canillita” que me acerca el diario por las mañanas en el café. Estas fechas imponen sus balances, y no voy a “hacerme el otario”, yo también traigo el mío, cortito y sencillo.


Con respecto al tango, no hay nada nuevo para decir. Sería un poco atrevido decir que pudiera tener balance en ese terreno, es que lo veo ahí… flotando…, en tren de sobrevivir y no pasa más nada. Estamos un poco mejor, estamos un poco peor. Una nota de color sería que algunos jóvenes se están “enganchando” con el tango a través del baile. O sea, les complace la danza y ya no se asustan al decir “me gusta el tango”, como si fuera algo “fuera de onda” (¿se dice así?).


Con respecto al blog, creo que cumplimos en compartir algo, de lo poco que sabemos, en estos meses que lleva de existencia. No ha sido más que tomar algo de nuestra forma de ser, de nuestra idiosincrasia e intentar plasmarlo por escrito. Quisiéramos poder publicar más seguido, pero las contingencias laborales mencionadas por mi nieto en alguna oportunidad, no se han modificado.


A los que escribieron comentarios, ideas, sugerencias, desde el inicio de este blog, o se sumaron recientemente: muchas gracias. Son Uds. quienes mantienen al tango vivo, en sus intereses, en sus intenciones, en sus lecturas y audiciones. Y en interlocución con Uds. también, me encontré varias veces este año contento y silbando un tango.


Me acuerdo que la barra de la esquina era una fuente de conocimiento, conocimiento de nivel de la calle, pero conocimiento al fin. Hoy en día Internet también trae su “barra”, en algún “café virtual” donde reunirse. Sin importar el sexo, ni la edad, nacionalidad, religión, o razones políticas. Y en referencia a estas últimas, creo que los lectores saben bien cuales son las mías, que a veces también son las del tango. Por ello, la última reflexión de 2008 va en serie con la bronca de ver esa vorágine comercial de fin de año llamada comprar-comprar-comprar.


Si hay tristeza del tango, no la es la de la mina que se fue del bulín. Es la de un pibe que mira una vidriera; la de su padre al querer regalarle algo, y no poder hacerlo. “Es que siempre te falta la guita.” Pensará, seguramente. “Siempre faltará la guita.” Pero la verdadera razón es otra. La vidriera es lo que hace que haya ventas, y la publicidad convence a la gente que a él también le gusta eso que ve. Es más, que necesita aquello que ve. Y cuando lo tiene, pues ya gusta otra cosa, o la moda hace cambiarla. Y el disco vuelve a empezar. Una sociedad más justa no diferenciará al hombre por su mayor o menor capacidad adquisitiva. Brindo por ella.


Amigos, amigas, compañeros de viaje del mundo entero. Felices fiestas. Y como no he visto renos últimamente en mi país, les hago llegar por esta vía mi regalo, que no podía ser otro más que… un tanguito. Bienvenido el 2009; y al 2008: chan-chan.



Fraternal (Canción de Navidad y Año Nuevo)

Canción

Música: Sebastián Piana

Letra: Francisco García Jiménez


Bien haya tener cariño

bien haya ignorar el daño,

la noche que nace el Niño,

la noche que nace el Año.

Saber que es la misma huella

la huella del buen andar

y hacer de la patria bella

la fiesta de un solo hogar.


No hay distancias para el puente

del alegre corazón,

ni fortunas diferentes

si es de todos la ilusión.

Las almas están presentes

y unidas en la canción:

No hay fortunas diferentes

que deshagan esta unión.

No hay distancias para el puente

del alegre corazón.


Venimos del año viejo

camino de nueva vida,

en un fraternal cortejo

de adiós y de bienvenida;

con flores de pampa y sierra,

con luces de cielo y mar...

y amor de argentina tierra

cantando en igual cantar.

viernes, 18 de julio de 2008

"Cuerda" para rato…

Me toma por sorpresa todo este alboroto generado alrededor de mis escritos, sobre todo porque siempre fui “Cayetano”, es decir callado, de perfil bajo, con respecto a las cosas que hice (o hago). Distinto es cuando se trata de decir lo que pienso, motivo del mayor agrado siempre que sea en un diálogo cara a cara, café mediante. Desde mi punto de vista la presencia física es importante porque la conversación no se “escucha” solo con los oídos, sino también con los ojos, y eso forma parte de la comprensión general de la charla.

Aparecer en un medio de comunicación me dio un poco de “cosquillas”, por la novedad. No me considero alguien fuera de lo común, por lo que debo entender que algo de interés general se asoma en mis palabras. Ver al tango como un fenómeno social y cultural, no como un artículo de colección, es el mensaje llano, sencillo, que trato de transmitir. Sin embargo no logro tomar dimensión de la presencia que tiene -a lo largo y ancho del mapamundi- esta prédica de “a pie” pero “subida al caballo” de Internet. Me confieso desconocedor del manejo de esta tecnología que hoy es soporte de mis palabras (mi única imprenta, como bien señaló el periodista en su nota), pero la juventud que me rodea, mis tres nietos, me brindan su ayuda para darle forma electrónica a mis pensamientos. Agradezco a ellos el impulso y el incentivo desde lo cotidiano. Vaya también mi aprecio a los lectores que dejan sus comentarios, por compartir estas inquietudes aun desde el desacuerdo. Hay quienes están de paso, gracias al artículo del diario La Gaceta y a vínculos desde blogs amigos. Pero hay otros que, aunque no nos hayamos visto nunca, ya reconozco como compañeros de ruta, de distintas procedencias y edades. Ellos forman parte de mi mundo hoy en día, ya que me hicieron “sintonizar el dial” con una visión del tango que no tenía clara hasta ahora, momento en que me puse en la tarea de volcarla por escrito. Es como si siempre hubiera sabido esas cosas, pero nunca las hubiera puesto en palabras por timidez intelectual.

Guardia Vieja se hace al andar, con alegría, en un aprendizaje constante que me toma por sorpresa a una edad en que generalmente ya no se espera nada nuevo. Por todo ello, supongo que hay “cuerda” para rato en el barrilete de este espacio, que ya es una creación colectiva. Como el tango.

Hasta la próxima.

sábado, 5 de julio de 2008

El viejo en el tango



La previa…

Hoy me siento un poco sombrío, así que pido disculpas por el tenor de estas reflexiones. Quizás es una ayuda para mí poder elaborar con ustedes ciertas ideas sobre este tema, bajo la excusa del tango.

¿Por qué es difícil definir la vejez? En principio creo que porque cuando uno es parte de ella no se reconoce en dicha condición. Y si uno es joven menos aún. Mientras uno es pollo la muerte es algo lejano, siempre de otro, nunca una posibilidad propia. Pasando la mitad de la vida nos damos cuenta que ese momento va a llegar, pero no mañana por la mañana. Claro, nadie piensa cada vez que se levanta, que ese día justo le agarra un patatús.

Un amigo del alma, Cacho L., platense él, me dice: “Nene, para mí un año, un mes, una semana, un día, una hora, un minuto, un segundo…” continúa Cacho “…es importante, porque estoy vivo”. Es que él vive preocupado por la muerte que siente acechándolo en cada esquina. No sé si es una verdad universal, pero creo le preocupa el aprecio por el valor de la vida. Mi nieto dice que leyó en un filósofo alemán que “…no hay experiencia posible de la muerte, la muerte se anuncia como el límite de toda experiencia.”. Sin entrar en trascendencias filosóficas que no manejo, estimo que lo importante ahora no será la muerte, sino cómo vivir una vejentud dichosa o insenescencia como supo llamarla el escritor argentino Juan Filloy (para los que no lo conocen: vivió 106 años).

Sobre la vejez

A lo largo de la humanidad, los ancianos tuvieron un importante papel en la transmisión de valores y tradiciones. Así también encarnaban la figura de la experiencia y la prudencia. La vejez como última etapa de la vida y a la vez de realización suprema, remite a miedos y fantasmas temibles: la pérdida de la autonomía, la fragilidad de la salud. Y el mayor de todos ellos: la soledad.

Pero no confundamos vejez con decrepitud o decadencia. Asumiendo esta diferencia, encontramos otras particularidades. En la vejez, la gente no está apurada, porque eso es propio de la vida laboral, el vértigo, la locura cotidiana. Tampoco enfrenta mayores problemas, siempre y cuando pueda contar con los aportes previsionales de toda una vida de trabajo (para no entrar a hablar de la funesta relación entre vejez y pobreza…). Tiene acumulado conocimiento, como expresa el dicho popular “El diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo”. Por ello es hábil para proponer soluciones a muchos problemas, así, dicho en general, aunque no suele ser escuchado –ni reconocido- en la misma medida.

En la Argentina de comienzos de siglo pasado el niño era niño y llevaba pantalones cortos; el joven era joven cuando ritualmente era investido con pantalones largos; y el adulto… era adulto a los 20 años. No olvidemos tampoco el aumento de las expectativas de vida del hombre actual, que modifica la constitución de la población.

Cuando yo tenía cinco años, mi familia se mudó a Verónica, Provincia de Buenos Aires. A unos cuantos kilómetros había una base aeronaval, con aviones descangayados que entraban y salían ruidosamente, y a los pibes nos gustaba verlos dejar marcas en el cielo. Años después estos serían reemplazados por modernos aviones a chorro. Y ahora, para qué referir al lector las nuevas tecnologías de navegación aero-espacial. Valgan estos recuerdos cachuzos para sugerir la rapidez de ciertos cambios acaecidos en las últimas ocho décadas.

Ahora todo transcurre tan ligero, y el mundo nos carga con tanta información, datos, números, que perdemos de vista lo fundamental, el sentido de las cosas, el disfrute de lo sencillo. Lo pequeño es bello, dijo alguien, refiriéndose a las cosas simples. Pero el viejo suele ser lento, y queda al margen de las cosas. No lo apabulla tanto lo nuevo, sino la velocidad.

El viejo en el tango

Para observar la fotografía que el tango hace de la vejez, examinemos un par de letras. Tomemos por caso a Giuseppe el zapatero, inmigrante con oficio que decide empeñar sus esfuerzos para hacer que el hijo estudie. Y cuando el pibe se recibe, de manera ingrata corta el lazo familiar por vergüenza del padre. Para quienes quieran apreciarlo musicalmente, los remito a la versión de Carlos Gardel (1930) o a la de posterior de Enrique Campos y Ricardo Tanturi (1945).

Hay ciertos tangos que tematizan la vejez prematura del hombre (o la mujer) entre los 30 y 40 años, como lo revelan “Sonaste viejo” o “El ciruja”. La amarga poesía de “Esta noche me emborracho”, refiere la decadencia física de una mujer con una vida de estragos. Varios de los tangos referidos supo cantarlos Gardel.

En “Caminito”, “Vieja Recova” o en el rotundo título “Quién tuviera 18 años” escuchamos hablar de los tiempos pasados que al parecer, como diría Manrique, fueron mejores. En otras letras no se habla de un viejo, pero es uno quien la enuncia, con nostalgia hacia lo perdido, como en “Cuesta abajo”. Mencionemos también al pasar “Cuando un viejo se enamora”, “Gallo viejo” y “Acquaforte”, remitiendo al lector a las letras, para elaborar sus propias conjeturas.

Dichosa senectud

Nadie se pregunta cómo disfrutar de la vejez, ese momento de la vida donde las pasiones se aquietan y la madurez de la reflexión llega a su plenitud. Hay más tiempo, siempre y cuando, como dijimos, tengamos la subsistencia, el “cacho de pan” asegurado. Nuestros gobiernos latinoamericanos no suelen acompañar los deseos que expresan estas líneas. Sin ir más lejos, un par de años atrás decidí escribir una carta al Presidente de la Nación, destacando su papel potencial en la solución de la situación de los jubilados hoy en día, en una economía con perfil inflacionario, y la miseria a la que los arrastra los magros ingresos que cobran. Recibí por toda respuesta una “atenta nota” de un funcionario de segunda línea, informando que “cualquier trámite y/o reclamo por pensiones o jubilaciones debe ser ingresado en forma personal, por mesa de entradas en la sucursal de la Administración Nacional de Seguridad Social más cercana a su domicilio”. Por lo visto, no entendieron nada de nada. Ustedes dirán...

Buenas noches a todos y todas.

viernes, 20 de junio de 2008

El tango… es el tango

De entre los mensajes que amenamente los lectores de este blog me hacen llegar, el último concitó mi atención de manera particular. El mismo dice:

Maestro, encontré este espacio casi de casualidad, y terminé recorriéndolo de principio a fin. Tengo 18 años y me gusta el tango. Fue justamente mi abuelo quien me introdujo a este universo musical tan porteño que es el tango. Espero que siga escribiendo mucho más. Un saludo

Luego de su lectura me quedó dando vueltas una pregunta: los muchachos de ahora ¿saben qué es el tango? Sospechando una respuesta poco optimista, continué: ¿cómo invitar, impulsar a los jóvenes a atender y disfrutar este fenómeno cultural, artístico y social? Claro, hoy muchos piensan que “el tango es cosa de viejos”. Hasta los mismos mayores. Pero… ¿acaso nosotros no fuimos jóvenes también? ¿Cómo nos iniciamos en el descubrimiento y recorrido de este universo musical? Aquí van, entonces, estas líneas a los muchachos de ayer y de hoy, para que vean que el tango…es el tango.

I. Si el pibe se salva…

Los pibes no suelen tener interés en seguir el camino de sus mayores. Pero attenti purrete, que mirando hacia atrás también se puede conocer y aprender. Después de todo, quizás no seamos tan distintos vos y yo.

A nosotros también nos deslumbraban las novedades musicales, y rastreábamos y adquiríamos discos de moda. Pero es cierto que en los jóvenes de hoy hay otras expectativas con respecto a la diversión, que en mis tiempos era ir a bailar a los clubes de barrio. Solíamos danzar al compás de cantores o conjuntos musicales de medio pelo, y en otras ocasiones contábamos con verdaderas orquestas de lujo. En esos bailes no había patovicas moliéndote a palos en la puerta, o diciéndote “vos no pasás”. Violencia había, ¡y que la había!, pero lejos de esas fiestas donde íbamos a divertirnos, conocer mujeres y hacer amigos entrañables.

Me tocó ser joven en una época en que el tango ya estaba aceptado socialmente. Teníamos vecinos cantores, o bandoneonistas, no necesariamente ligados a su origen prostibulario. Aunque oportunamente transitaremos por los caminos que empalman el tango y la radio en la sociedad argentina, hay que puntualizar que las audiciones radiofónicas eran centro de atención familiar, pero los receptores eran aparatos caros que no todas las familias podían costear. Recuerdo que mi viejo compró nuestra primera radio en 1929, y a su alrededor se juntaba toda la familia a escuchar las orquestas en vivo. Libertad Lamarque y las hermanas Bozán eran figuras de renombre en el dial.

En síntesis: a los jóvenes quiero decirles, con respecto al tango, que empiecen por donde más les guste: si bailan, bailen; si solo escuchan música, pues háganlo. Lo importante es ese primer contacto con él. Luego una cosa lleva a la otra.

II. Tiempos viejos

En mi época engranábamos con el tango por querer imitar a los pibes mayores. Y así aprendíamos y nos entusiasmábamos, y no quedaba nada sin preguntar: “¿por qué fulano canta mejor que mengano? … ¿en qué año comenzó a tocar zutano? …¿qué tal la última letra de perengano?.” Con mis amigos nos comprábamos discos doble cara, con una pista de cada lado. Mi memoria me lleva a dedicarles unas líneas a mis primeras dos grabaciones gardelianas:

· Lado A: “Perdonada”, Lado B: “Tiempos viejos”, y el otro:

· Lado A: “Viejo amor” y Lado B: “Yo te bendigo”.

Me los regaló Kicho, un vecino del inquilinato. No era mal tipo, un poco esquenún, quizás. Recuerdo que 1938 decidió renovar su colección de discos con orquestas modernas y me los regaló.

Francisco, mi padre, solía decir que el tango era rastrero, de bajo fondo, que no decía nada nuevo. El era un español que había venido a la Argentina buscando el porvenir que su país no le podía ofrecer. Desde aquí escribo unas líneas dedicadas a la memoria de él y su amigo Naddeo, que supo integrarlo a un oficio y lo acompañó en sus primeros pasos en lo que sería su nuevo “hogar”: la Argentina. También le aportó una cosmovisión social que le permitió interpretar críticamente a su tiempo: el pensamiento anarquista. Desde esta perspectiva es que pudo mirar al tango con otros ojos.

III. El tango… es el tango

Resumiendo, pibe, yo te diría que prestes atención al hecho de que el tango fotografía una clase, una época, no tanto un lugar. ¿Qué importa de qué lado del Río de la Plata se ubique? Prestá atención a lo que tus padres te cuenten del tango, o tal vez tu abuelo. No “compres” ese tango de salón para consumo for export. Si aguzás tu oído, podrás leer entre líneas cosas de importancia que tus amigos ni sueñan conocer repitiendo letras en inglés que no entienden.

Pero eso sí: a vos te toca poner el gusto particular. Así irás creando un ambiente de apreciación estética más allá de lo puramente musical, en el camino de entender ciertas problemáticas humanas que hoy en día siguen vigentes. Es que tanto ayer como hoy la música debería contar las cosas que le pasan al hombre, es decir, aquellas cosas que nos pasan. La curiosidad es propia del ser humano, y como joven tenés la oportunidad de aprovecharla, y formarte así una cabal idea de ese universo que es el Tango.

Alguien pregunta cada tanto: “¿es que acaso el tango murió?” Y yo respondo: “Las cosas que tienen valor nunca mueren. Se esconden, quedan agazapadas, y cuando uno menos lo espera, saltan de nuevo al ruedo.” Por eso, y para acercarte algo a esa musiquita, te dejo con Alberto Castillo interpretando “El tango… es el tango”.

El tango… es el tango
Tango
(1952)
Música: José Raúl Iglesias
Letra: Juan Bautista A. Gatti

Peinando plata en el jopo
Hablás del tango malevo,
Como diciendo qu´el "nuevo"
Pa´ vos, no vale un piropo...
Y yo, porteño de ahora
De acuerdo a mis sentimientos,
Voy a cantar como siento
El tango en mi corazón...

El tango es el tango... No hay vuelta que darle
Con cuello o pañuelo, lo mismo es gotán,
Que el traje no dice la estirpe del rango
Ni el gesto guarango, pinta el arrabal.
El tango es el tango... por más que le pongan
Ribetes compadres o cintas de amor,
El tango es el tango, si tiene milonga
No importa que sea, de ayer o de hoy...

Pa´ qué decís que otra cosa
Fue aquel de mil novecientos,
Si el tango en todos los tiempos
Es tango porque solloza...
Con el florido lenguaje
O el lunfardo "catecismo",
Siempre en el alma es el mismo
Del criollo bandoneón...