sábado, 28 de mayo de 2011

EL ESCRITOR Y SUS TANGOS (PRIMERA PARTE)




COMENTARIOS ACERCA DE “Tango, discusión y clave", de ERNESTO SABATO

Ernesto Sábato no fue un hombre de tres siglos, ni siquiera de dos (aunque las fechas sugieran lo contrario). Fue un cabal hombre del Siglo XX. Y con él recorrió su historia, que también es la de Argentina y en cierto sentido la de toda Latinoamérica. Nació en el país del Centenario, fue a la escuela con Irigoyen en la Presidencia, conoció la década infame, y también las variadas asonadas militares que mancharon las páginas de nuestra historia nacional. No esquivó a la polémica al distanciarse del peronismo, pero también fue crítico de las principales facciones de poder de la Argentina. Fue Doctor en Física, escritor, pintor, ateo manifiesto, existencialista, metafísico, creyente descreído, examinador inexorable del mundo moderno, atormentado personaje sacado de sus propias novelas. Y también gustó del tango.

Tocante a este último interés, Sabato publicó “Tango, discusión y clave” (Ed. Losada, Bs. As., 1963, 167 págs.), libro prácticamente desconocido y lamentablemente inhallable entre tanta tinta derramada sobre el tema (al menos en las grandes librerías industriales). Desde el momento en que uno lo abre, transporta al lector a una discusión que trasciende lo meramente estético (sea literaria o musicalmente hablando), ya que su autor lo dedica a Jorge Luis Borges, con estas palabras: “Y ahora, alejados como parece que estamos (fíjese lo que son las cosas), yo quisiera convidarlo con estas páginas que se me han ocurrido sobre el tango. Y mucho más me gustaría que no le disgustasen. Creameló."

El libro consta de dos partes: Tango Canción de Buenos Aires (ensayo original del propio Sabato) y Antología de informaciones y opiniones sobre el tango y su mundo. Esta segunda parte contó con la colaboración del periodista uruguayo Tabaré De Paula, Noemí Lagos y Tulio Pizzini, y consiste en múltiples lecturas sobre los temas que conforman el ámbito de reflexión tanguera, glosando autores como Fernán Silva Valdés, el mismo Jorge Luis Borges, Tulio Carella, Horacio Ferrer y celebridades extranjeras como André Gide. De esta segunda parte, quizás hablemos en otra ocasión. Hoy me reservo el placer, el honor de discutir las claves del tango que propuso magistralmente Ernesto Sabato hace casi cincuenta años.

1) HIBRIDAJE

La primera parada que propone Sabato para acercarnos al tango es el “hibridaje”. El argentino sería un notable producto del hibridaje. Si la palabra “híbrido” no tuviera cierta connotación negativa, estaría totalmente de acuerdo. Porque se trata del cruce de dos especies distintas, que paga la combinación de herencias con su esterilidad. Aunque… mejor sigamos leyendo y no juzguemos apresuradamente.

Estos tipos híbridos, esa amalgama de ideas que aporta el tango (la gente que compone tangos, que hace al tango), esas personas dicen cosas importantes, esenciales al hombre. Los primeros tangos fueron anónimos, pero no alcanzar a conocer sus nombres y apellidos, no hace a sus autores menos existentes. Y eso deriva en que el tango es tanto él, como vos y yo. Gente de a pie. No importa si estamos ahora a favor o somos críticos de esa carga histórica. Así se dieron las cosas, y como dicen, “está bien así”.

Para Sabato, entonces, un argentino sería alguien que viene y absorbe un montón de cosas y las transforma en él, y en ese acto de transformarlas en él está el tan buscado “ser nacional”. Nuestro autor lo dice así: “Negar la argentinidad del tango es un acto tan patéticamente suicida como negar la existencia de Buenos Aires”. Eso no quiere decir que el tango sea solo lo argentino, sino que implica tener en cuenta que todos los que vivimos en el Río de la Plata de entonces -antes y ahora- tenemos esa parte que se metió dentro de nosotros sin que sepamos que se estaba metiendo, y nos hizo de determinada manera, con una forma singular de ver las cosas.

El argentino será un hibrido, sí, pero eso no quiere decir que pierda su personalidad. Si el tango es hijo de los inmigrantes, de los gauchos, de los obreros, pero también de los desempleados, eso no es bueno ni es malo, es sencillamente el producto de esa mixtura, de esa diversidad y abundante herencia cultural. ¿O acaso alguien juzgará que soy bueno o malo por ser hijo de inmigrantes?, ¿O por ser hijo de un español y una criolla no soy parte del tango también? Quiero decir, sé que no aporto al tango haciendo letras o música, pero sí entendiéndolo, atendiéndolo, escuchándolo, recomendándoselo a otros. Se puede hacer mucho, con cosas pequeñas.

Resumiendo: en contra de los que consideran que una creación híbrida no puede dar frutos, lo que en biología llega a ser ley, en temas culturales no rige.

2) SEXO

El poeta Miguel Hernández insinuaba que solo hay tres temas universales: vida, muerte, amor. Sabato agrega, con fondo de tango, al sexo como tema que atraviesa los otros tres. De este apartado resalto la siguiente frase: “El prostíbulo es el sexo al estado siniestro, y el inmigrante solitario que entraba en el resolvía fácilmente su problema sexual, con la facilidad con que se resuelve en ese tipo de establecimientos”. El sentimiento erótico que plasma el tango –y sobre todo el tango danza- no es más que una forma primaria de poder, y no necesariamente propia del porteño o del rioplatense. Es cierto que algunas letras, y mucha literatura mediante, llevaron a pensar que el hombre de tango es (¿debe ser?) el más macho entre los machos.

Lo cierto es que no quisiera quedar atrapado en medio de una disputa de malevos. No me interesan tanto las cosas que hacen o hicieron, sino ciertas impresiones suyas dejadas en la compleja trama sociocultural del siglo veinte. O sea, la relación directa entre sexo y tango no me sirve, si no me explica algo de lo que es para la gente o de lo que implica para mí. Por eso prefiero rescatar otro pensamiento substancial que aporta Sabato, y es que el tango es el fenómeno más asombroso que se haya dado en el baile popular. Todo esto hace del tango una danza melancólica e introvertida, a la inversa de lo que sucede en otras danzas populares generalmente eufóricas y extrovertidas. Y esto de seguro tiene que ver con el amor, la vida y la muerte también. Es decir, con el sexo.

3) DESCONTENTO

Recorrer este apartado duele, y por partida doble. Como si fuera poco la implacable percepción que Sabato se forma sobre la sociedad argentina, sus párrafos también cifran los principales puntos en cuestión que aun hoy mellan la credibilidad del maestro, o al menos generan el rechazo de parte de sus lectores. Con esto nos referimos a la idea central contenida en su ensayo de 1959 “El otro rostro del peronismo”, donde criticó duramente el gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1955) al afirmar que "el motor de la historia es el resentimiento que, en el caso argentino, se acumula desde el indio, el gaucho, el gringo, el inmigrante y el trabajador moderno, hasta conformar el germen del peronista, el principal resentido y olvidado". No considero que Sabato necesite que lo defiendan, así que sencillamente intentaré exponer algunas ideas respecto del descontento.

A veces el tango dice lo que uno (a través del autor) piensa del otro: generalmente que hace las cosas mal. A la vez, eso no me deja reflexionar que yo también hago (o podría hacer) esas mismas cosas mal hechas. La aparente paradoja se disuelve cuando me percato que está bien que a través de un tango enjuicie, que diga eso, porque al ver el mal obrar en los otros, también me estoy mirando a mí mismo. En realidad, las letras de tango casi nunca hacen críticas, lo que hacen es describir cómo es el hombre de un lugar y una época, casi sin juzgarlo, sin poner el mote de “eso está mal” sobre sus actos. Si no, cómo entender las preferencias temáticas hacia tantos personajes atormentados: el amante abandonado, aquel que abandonó, el asesino, la prostituta, el mendigo, el reo, el polizón, entre otros variopintos.



4) BANDONEÓN

¿Qué decir del bandoneón que no haya sido expresado magistralmente ya por otro? No vale la pena remitirnos al término técnico, diciendo que es un instrumento musical aerófono, ni hacer juegos de palabras comentando que resuena a… “a-bandoneón”. En cambio sí podemos glosar a Sabato cuando afirma que es un instrumento popular germánico que supo ponerle voz a las desdichas del hombre platense. La Buenos Aires de comienzos del siglo que pasó, vivía una época de malevaje, una época de lenocinios improvisados y conventillos. Eso dice el autor y lo suscribo. Pero también por el Tango nos conocieron en Europa por antonomasia, nos plazca o no. Y el bandoneón contribuyó con su particular timbre y sonoridad a ello. O sea que vino de un barco, y echó raíces aquí solo para volver a subirse a él. Aunque toda esquematización sea por naturaleza falsa, también encierra algo verdadero.

5) METAFÍSICA

¡Qué cosas dice Ernesto Sabato! Casi al final del recorrido, cierro los ojos y pienso ¡cómo me hubiera gustado conversar con él, estrecharle la mano y reconocer en palabras la lucidez con la que entendió como “venia la mano” con el tango! Al final de cuentas lo que creía un pequeño ensayo, en realidad casi un opúsculo, un folleto, resultó ser un gran libro que sintetiza la experiencia de toda una comunidad, una filosofía y hasta un compendio de los más variados pensamientos que se hayan vertido sobre el tango.

Sinceramente, tengo que agradecer al maestro el haber compartido por escrito sus reflexiones sobre el tango, porque resumen lo que pienso, aunque dicho mucho mejor, claro está. Y en aquello que no coincido, me lleva a repensarlo y a justificarlo para que sirva a los demás, y que no quede en una mera apreciación negativa personal. Creo que soy un argentino más cuando digo y siento estas cosas, nada más que eso.

Por otra parte, no crea el lector que soy un alienado si pienso en voz alta que Sabato “me robó” las ideas. Fíjese, si no, en lo que dice: “El porteño como nadie siente que el tiempo pasa y que la frustración de todos sus sueños y la muerte final son sus inevitables epílogos, y entre copas de semillón y cigarrillos negros pregunta: te acordás hermano qué tiempos aquellos, o con cínica amargura, se va la vida, se va y no vuelve, mejor es gozarla y larga a las penas a rodar.” ¡Yo también usé esos términos, e intenté describir esas cosas en otros apuntes tangueros! Creo que acerté al camino elegido, y la lectura de este ensayo así me lo confirma. No digo que tenga razón porque piense igual, creo que lo descubrí por mis propios medios, y eso también es importante.

Para ir concluyendo: la metafísica del tango estriba en que el argentino medita sobre el paso del tiempo, mientras baila o canta. “Meditar en el paso del tiempo...” ¿se dan cuenta? Estoy seguro: este tipo me robó las ideas… excepto que no nos llegamos a conocer. Un 30 de abril de 2011 corrió a reencontrarse con Piazzolla, con Victoria Ocampo, con Jorge Luis Borges, para continuar polemizando sobre el idioma de los argentinos, y –por qué no- discutir sobre el tango también.

PS: Gracias a Internet y la internauta Alejandra Moglia, pude enterarme de la existencia de “Alejandra”, un tango escrito en 1966 por el propio Sabato y musicalizado nada menos que por Aníbal Troilo. Y por si fuera poco, otro más –este dedicado al escritor-, compuesto hace un tiempo por el joven artista Hernán Genovese, con música de Leopoldo Federico, Roberto Grela y Raúl Garello. Comparto con ella, y en memoria del maestro, sus estrofas.

A Ernesto Sabato

Tango

(s.d.)

Letra: Hernán Genovese

Música: Leopoldo Federico, Roberto Grela, Raúl Garello

I.

Fatal, profunda y gris

tu voz tumbó cien torres de marfil.

Clara como estrella que se agita en la penumbra,

recta como lanza que atraviesa el de la zurda.

Túnel sin fondo tu corazón

en la tiniebla más atroz tu sangre igual resplandeció.

II.

Despierto en la mitad

de un sueño sin edad

la noche te dejó sin luna,

pero nunca sin soñar.

Y en esa larga oscuridad,

qué forma de guapear

por seguir compadre del lucero

y esperar un sol, una verdad,

la pluma por fusil y un reino que ganar.

Quien quiera ver

tan sólo tiene que saber mirar

con este rayo de luz…

Para renacer

la noche nos dará

la seña de la cruz del sur.

I bis

Tenaz como un clarín

tronó sin paz tu voz antes del fin.

Justa como el ángel al final de la Escritura,

viva como el héroe que se yergue de la tumba.

Vuelto una antorcha tu corazón

por mil caminos de inquietud tu sangre en otra sangre ardió.

domingo, 27 de marzo de 2011

Joven Discepolín



No me gustan las necrológicas, y menos aún las "necrofílicas". Prefiero creer que hoy celebramos el cumpleaños de un amigo. Quisiera decir - como Julio Cortázar - que fue mi amigo aunque nunca nos conocimos. Nuestro amigo. Me refiero con esto a Enrique Santos Discépolo, cariñosamente llamado por nosotros "Discepolín".


Un 27 de marzo de 1901 lloraba por primera vez, y sin cantar aún. Su hermano Armando, faro en la cultura y en la vida, ya contaba con catorce años y lo sobreviviría otros veinte. Hijo de inmigrantes (como el tango mismo, tal vez), sería con el tiempo el argentino que expresaría en el universo de la canción popular, el sentir común de muchos compatriotas. ¿Débil y tímido? Quizás. ¿Insípido? Jamás. Así fue el reparto de roles que le tocó interpretar: maltratado a veces por la crítica, otras ungido con la corona de trovador popular.


Todos lo recuerdan como el autor del crudo tango "Cambalache" (1935), del poético "Uno" (1943), o del sarcástico “Victoria!” (1929). Algunos prefieren destacar su trayectoria como actor, guionista o director de cine. Yo lo recuerdo por un memorable micro radial: "Mordisquito". Así pues, a mordiscos, se abrió paso en la producción radiofónica de comienzos de los cincuenta. No era el simplificador cinismo del letrista, o la escéptica denuncia del crítico. Era la intensidad de quien busca apropiarse de su época, de ideas claras y distintas, asumiendo el compromiso que el arte no termina de ofrecer.


Hoy podríamos hablar de la vigencia del pensamiento de un hombre que no se propuso dirigir ninguna comparsa, que por su pintura social también fue ninguneado, y que solo el futuro lo recordaría con vigor y entusiasmo. Es que ahora podemos ver que no es pesimismo o clima depresivo lo que esos viejos tangos destilan, sino el espectáculo dramático de la sociedad de ayer y de hoy. Aunque a las élites intelectuales esto un poco les siga resbalando, creo que Discepolín sonreiría un día como hoy, y les enrostraría un "¿A mí me la vas a contar?"


Se fue de gira un 23 de diciembre de 1951, en el mismo departamento que compartía con Tania Mexicán, cupletera y su yunta. El Gordo Troilo y Homero Manzi quisieron decir adiós al amigo. Qué mejor que terminar, recogiendo sus palabras y su música. Hasta la próxima, Discepolín. Hasta la próxima, lectores. Nos encontraremos en otra oportunidad, disfrutando “ese pensamiento triste que se baila”.



Discepolín
Tango

Música: Aníbal Troilo
Letra: Homero Manzi

Sobre el mármol helado, migas de medialuna
y una mujer absurda que come en un rincón ...
Tu musa está sangrando y ella se desayuna ...
el alba no perdona ni tiene corazón.
Al fin, ¿quién es culpable de la vida grotesca
y del alma manchada con sangre de carmín?
Mejor es que salgamos antes de que amanezca,
antes de que lloremos, ¡viejo Discepolín!...

Conozco de tu largo aburrimiento
y comprendo lo que cuesta ser feliz,
y al son de cada tango te presiento
con tu talento enorme y tu nariz;
con tu lágrima amarga y escondida,
con tu careta pálida de clown,
y con esa sonrisa entristecida
que florece en verso y en canción.

La gente se te arrima con su montón de penas
y tú las acaricias casi con un temblor...
Te duele como propia la cicatriz ajena:
aquél no tuvo suerte y ésta no tuvo amor.
La pista se ha poblado al ruido de la orquesta
se abrazan bajo el foco muñecos de aserrín...
¿No ves que están bailando?
¿No ves que están de fiesta?
Vamos, que todo duele, viejo Discepolín...

lunes, 31 de mayo de 2010

Francisco Canaro: aquí, allá y en París también

Cuando nos piden que hablemos sobre alguien, entre las ideas y recuerdos que se atropellan por salir pueden asomar primero los defectos, antes que las virtudes. Y así me sucede hoy (quizás un poco injustamente) con Francisco Canaro, porque comenzaré diciendo que su problema principal es… no ser Gardel. Ni Troilo. Atento lector: antes de saltarme al cuello con impulsos homicidas, le pido un “tanto” de su tiempo para explicarme mejor, y llegar a la conclusión que Pirincho tiene lo suyo. Aquí, allá y en París también.

Armonía vs. melodía

Una vieja polémica enfrenta la racionalidad con la sensibilidad. O en términos musicales la armonía con la melodía. Canaro es música, y de la buena. Pero el ritmo lo saca a veces del centro de equilibrio. Pudiendo tocar un tema melódico con acentos apasionados, se pierde en una andanada de chan chan(es) que no hacen otra cosa que sumirnos en la pesadez (me viene a la mente, por caso, cierta versión del tango – vals “Corazón de oro”). Aunque hay que reconocer que no fue sólo este músico uruguayo quien incurrió en tal defecto, no podemos dejar de mencionarlo porque fue alguien importante, sobre todo para la sangre que en esa época latía aún al son de la Guardia Vieja.

Aníbal Troilo, por su parte, recibió a esta resistida música en “estado reservado”, ya que desde la muerte de Gardel se consideraba el futuro del tango como algo incierto. Y desde ese instante se dedicó a abrevar de lo mejor de las tres corrientes que conforman el Tango: el baile, la canción y la música, hasta convertirse en lo que alguien llamó “la síntesis del tango”. Pichuco condujo grandes orquestas bailables, dando un lugar preferencial a arregladores que luego brillarían con luz propia, y rodeándose de cantores de la talla de Fiorentino, Marino, Rivero y Goyeneche entre otros.

Andá a tocarle a Gardel…

Dijimos que Canaro no es Gardel, pero no mencionamos aún que tocó con él, además de ser su amigo. Y es que no podía ser de otra manera: los privilegiados de la época pudieron ver al Zorzal criollo, “volando” junto al Pirincho (sobrenombre de Canaro y pájaro muy común en el Rio de la Plata). “Madreselva” es el tango emblemático de esta sociedad musical, registrado en Estudios Odeón un 27 de octubre de 1931 bajo el número 18858-6919, con música de Francisco Canaro y letra de Luis César Amadori.

Pero además de su Orquesta Típica, Canaro supo tener un quinteto denominado inicialmente “Quinteto Don Pancho” en razón de su nombre de pila. A partir de los años cuarenta, pasaría a tener su nombre definitivo: “Quinteto Pirincho”. Los tangos y valses instrumentales “a la Guardia Vieja” fueron su marca registrada, así como un sonido limpio que -a pesar de las limitaciones técnicas de origen- las nuevas ediciones en CD saben honrar.

Pirincho también dejó espacio para algunas “guarangadas”, al registrar temas de doble sentido como “La Clavada” (1938) y “La c…ara de la l…una” (1941). Y… no podía ser de otra forma, después de haber sido testigo de la época “picante” del tango, y no de la llorona que asomó (y asoló) después de los cuarenta.

Muerte y herencia de Francisco Canaro

“Solo critica quien ama”, podríamos indicar palpitando el final de este polémico artículo. Como no quisiera que se crea por ahí que no hay lugar para un Canaro en mi casa, va una anécdota tomada del muy recomendable libro de Héctor A. Benedetti “Las mejores anécdotas del tango” (Ed. Planeta, Bs. As., 2000), que dice muchas cosas ciertas y poco conocidas. El autor señala allí datos muy precisos sobre el padecimiento y sucesos previos a la defunción de Canaro, que no vienen al caso (pero quien quiera leer que lea). Sin embargo lo que quiero mencionar es la fantasía popular que le adjudicaba una fortuna cien veces mayor al legado real. Y creo que si fue rico, está claro que no lo fue en billetes constantes y sonantes, sino en sonidos, arpegios y la cruel ironía que lo emparentó (“Créase o no”) con Discepolín. Nos dejó a solas con su música, un 14 de diciembre de 1964.

sábado, 8 de mayo de 2010

Volver...


Don Solidario Alvo no se ha olvidado de sus amigos lectores. No ha gozado en estos últimos tiempos de buena salud, pero como hace con todos sus proyectos, con Guardia Vieja tampoco va a bajar los brazos. En breve estaremos nuevamente compartiendo algunas de las ideas que andan "dando vueltas" en esta nueva etapa.

Gracias por la paciencia, y si quieren solicitar el tratamiento de algún tema, será bien recibido.

Y como diría el inmortal Troilo, "Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio. Cuándo?... Cuándo?... si siempre estoy llegando"

Rodrigo Campos Alvo

miércoles, 31 de diciembre de 2008

La última del año



Precisamente hoy, se nos va el 2008. “Justo el 31, diría un humorista tanguero. La última del año. Y así es, nomás. ¿Vieron como todo el mundo hace balances? Desde el contable del banco, hasta el “canillita” que me acerca el diario por las mañanas en el café. Estas fechas imponen sus balances, y no voy a “hacerme el otario”, yo también traigo el mío, cortito y sencillo.


Con respecto al tango, no hay nada nuevo para decir. Sería un poco atrevido decir que pudiera tener balance en ese terreno, es que lo veo ahí… flotando…, en tren de sobrevivir y no pasa más nada. Estamos un poco mejor, estamos un poco peor. Una nota de color sería que algunos jóvenes se están “enganchando” con el tango a través del baile. O sea, les complace la danza y ya no se asustan al decir “me gusta el tango”, como si fuera algo “fuera de onda” (¿se dice así?).


Con respecto al blog, creo que cumplimos en compartir algo, de lo poco que sabemos, en estos meses que lleva de existencia. No ha sido más que tomar algo de nuestra forma de ser, de nuestra idiosincrasia e intentar plasmarlo por escrito. Quisiéramos poder publicar más seguido, pero las contingencias laborales mencionadas por mi nieto en alguna oportunidad, no se han modificado.


A los que escribieron comentarios, ideas, sugerencias, desde el inicio de este blog, o se sumaron recientemente: muchas gracias. Son Uds. quienes mantienen al tango vivo, en sus intereses, en sus intenciones, en sus lecturas y audiciones. Y en interlocución con Uds. también, me encontré varias veces este año contento y silbando un tango.


Me acuerdo que la barra de la esquina era una fuente de conocimiento, conocimiento de nivel de la calle, pero conocimiento al fin. Hoy en día Internet también trae su “barra”, en algún “café virtual” donde reunirse. Sin importar el sexo, ni la edad, nacionalidad, religión, o razones políticas. Y en referencia a estas últimas, creo que los lectores saben bien cuales son las mías, que a veces también son las del tango. Por ello, la última reflexión de 2008 va en serie con la bronca de ver esa vorágine comercial de fin de año llamada comprar-comprar-comprar.


Si hay tristeza del tango, no la es la de la mina que se fue del bulín. Es la de un pibe que mira una vidriera; la de su padre al querer regalarle algo, y no poder hacerlo. “Es que siempre te falta la guita.” Pensará, seguramente. “Siempre faltará la guita.” Pero la verdadera razón es otra. La vidriera es lo que hace que haya ventas, y la publicidad convence a la gente que a él también le gusta eso que ve. Es más, que necesita aquello que ve. Y cuando lo tiene, pues ya gusta otra cosa, o la moda hace cambiarla. Y el disco vuelve a empezar. Una sociedad más justa no diferenciará al hombre por su mayor o menor capacidad adquisitiva. Brindo por ella.


Amigos, amigas, compañeros de viaje del mundo entero. Felices fiestas. Y como no he visto renos últimamente en mi país, les hago llegar por esta vía mi regalo, que no podía ser otro más que… un tanguito. Bienvenido el 2009; y al 2008: chan-chan.



Fraternal (Canción de Navidad y Año Nuevo)

Canción

Música: Sebastián Piana

Letra: Francisco García Jiménez


Bien haya tener cariño

bien haya ignorar el daño,

la noche que nace el Niño,

la noche que nace el Año.

Saber que es la misma huella

la huella del buen andar

y hacer de la patria bella

la fiesta de un solo hogar.


No hay distancias para el puente

del alegre corazón,

ni fortunas diferentes

si es de todos la ilusión.

Las almas están presentes

y unidas en la canción:

No hay fortunas diferentes

que deshagan esta unión.

No hay distancias para el puente

del alegre corazón.


Venimos del año viejo

camino de nueva vida,

en un fraternal cortejo

de adiós y de bienvenida;

con flores de pampa y sierra,

con luces de cielo y mar...

y amor de argentina tierra

cantando en igual cantar.