lunes, 31 de mayo de 2010

Francisco Canaro: aquí, allá y en París también

Cuando nos piden que hablemos sobre alguien, entre las ideas y recuerdos que se atropellan por salir pueden asomar primero los defectos, antes que las virtudes. Y así me sucede hoy (quizás un poco injustamente) con Francisco Canaro, porque comenzaré diciendo que su problema principal es… no ser Gardel. Ni Troilo. Atento lector: antes de saltarme al cuello con impulsos homicidas, le pido un “tanto” de su tiempo para explicarme mejor, y llegar a la conclusión que Pirincho tiene lo suyo. Aquí, allá y en París también.

Armonía vs. melodía

Una vieja polémica enfrenta la racionalidad con la sensibilidad. O en términos musicales la armonía con la melodía. Canaro es música, y de la buena. Pero el ritmo lo saca a veces del centro de equilibrio. Pudiendo tocar un tema melódico con acentos apasionados, se pierde en una andanada de chan chan(es) que no hacen otra cosa que sumirnos en la pesadez (me viene a la mente, por caso, cierta versión del tango – vals “Corazón de oro”). Aunque hay que reconocer que no fue sólo este músico uruguayo quien incurrió en tal defecto, no podemos dejar de mencionarlo porque fue alguien importante, sobre todo para la sangre que en esa época latía aún al son de la Guardia Vieja.

Aníbal Troilo, por su parte, recibió a esta resistida música en “estado reservado”, ya que desde la muerte de Gardel se consideraba el futuro del tango como algo incierto. Y desde ese instante se dedicó a abrevar de lo mejor de las tres corrientes que conforman el Tango: el baile, la canción y la música, hasta convertirse en lo que alguien llamó “la síntesis del tango”. Pichuco condujo grandes orquestas bailables, dando un lugar preferencial a arregladores que luego brillarían con luz propia, y rodeándose de cantores de la talla de Fiorentino, Marino, Rivero y Goyeneche entre otros.

Andá a tocarle a Gardel…

Dijimos que Canaro no es Gardel, pero no mencionamos aún que tocó con él, además de ser su amigo. Y es que no podía ser de otra manera: los privilegiados de la época pudieron ver al Zorzal criollo, “volando” junto al Pirincho (sobrenombre de Canaro y pájaro muy común en el Rio de la Plata). “Madreselva” es el tango emblemático de esta sociedad musical, registrado en Estudios Odeón un 27 de octubre de 1931 bajo el número 18858-6919, con música de Francisco Canaro y letra de Luis César Amadori.

Pero además de su Orquesta Típica, Canaro supo tener un quinteto denominado inicialmente “Quinteto Don Pancho” en razón de su nombre de pila. A partir de los años cuarenta, pasaría a tener su nombre definitivo: “Quinteto Pirincho”. Los tangos y valses instrumentales “a la Guardia Vieja” fueron su marca registrada, así como un sonido limpio que -a pesar de las limitaciones técnicas de origen- las nuevas ediciones en CD saben honrar.

Pirincho también dejó espacio para algunas “guarangadas”, al registrar temas de doble sentido como “La Clavada” (1938) y “La c…ara de la l…una” (1941). Y… no podía ser de otra forma, después de haber sido testigo de la época “picante” del tango, y no de la llorona que asomó (y asoló) después de los cuarenta.

Muerte y herencia de Francisco Canaro

“Solo critica quien ama”, podríamos indicar palpitando el final de este polémico artículo. Como no quisiera que se crea por ahí que no hay lugar para un Canaro en mi casa, va una anécdota tomada del muy recomendable libro de Héctor A. Benedetti “Las mejores anécdotas del tango” (Ed. Planeta, Bs. As., 2000), que dice muchas cosas ciertas y poco conocidas. El autor señala allí datos muy precisos sobre el padecimiento y sucesos previos a la defunción de Canaro, que no vienen al caso (pero quien quiera leer que lea). Sin embargo lo que quiero mencionar es la fantasía popular que le adjudicaba una fortuna cien veces mayor al legado real. Y creo que si fue rico, está claro que no lo fue en billetes constantes y sonantes, sino en sonidos, arpegios y la cruel ironía que lo emparentó (“Créase o no”) con Discepolín. Nos dejó a solas con su música, un 14 de diciembre de 1964.

sábado, 8 de mayo de 2010

Volver...


Don Solidario Alvo no se ha olvidado de sus amigos lectores. No ha gozado en estos últimos tiempos de buena salud, pero como hace con todos sus proyectos, con Guardia Vieja tampoco va a bajar los brazos. En breve estaremos nuevamente compartiendo algunas de las ideas que andan "dando vueltas" en esta nueva etapa.

Gracias por la paciencia, y si quieren solicitar el tratamiento de algún tema, será bien recibido.

Y como diría el inmortal Troilo, "Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio. Cuándo?... Cuándo?... si siempre estoy llegando"

Rodrigo Campos Alvo

miércoles, 31 de diciembre de 2008

La última del año



Precisamente hoy, se nos va el 2008. “Justo el 31”, diría un humorista tanguero. La última del año. Y así es, nomás. ¿Vieron como todo el mundo hace balances? Desde el contable del banco, hasta el “canillita” que me acerca el diario por las mañanas en el café. Estas fechas imponen sus balances, y no voy a “hacerme el otario”, yo también traigo el mío, cortito y sencillo.


Con respecto al tango, no hay nada nuevo para decir. Sería un poco atrevido decir que pudiera tener balance en ese terreno, es que lo veo ahí… flotando…, en tren de sobrevivir y no pasa más nada. Estamos un poco mejor, estamos un poco peor. Una nota de color sería que algunos jóvenes se están “enganchando” con el tango a través del baile. O sea, les complace la danza y ya no se asustan al decir “me gusta el tango”, como si fuera algo “fuera de onda” (¿se dice así?).


Con respecto al blog, creo que cumplimos en compartir algo, de lo poco que sabemos, en estos meses que lleva de existencia. No ha sido más que tomar algo de nuestra forma de ser, de nuestra idiosincrasia e intentar plasmarlo por escrito. Quisiéramos poder publicar más seguido, pero las contingencias laborales mencionadas por mi nieto en alguna oportunidad, no se han modificado.


A los que escribieron comentarios, ideas, sugerencias, desde el inicio de este blog, o se sumaron recientemente: muchas gracias. Son Uds. quienes mantienen al tango vivo, en sus intereses, en sus intenciones, en sus lecturas y audiciones. Y en interlocución con Uds. también, me encontré varias veces este año contento y silbando un tango.


Me acuerdo que la barra de la esquina era una fuente de conocimiento, conocimiento de nivel de la calle, pero conocimiento al fin. Hoy en día Internet también trae su “barra”, en algún “café virtual” donde reunirse. Sin importar el sexo, ni la edad, nacionalidad, religión, o razones políticas. Y en referencia a estas últimas, creo que los lectores saben bien cuales son las mías, que a veces también son las del tango. Por ello, la última reflexión de 2008 va en serie con la bronca de ver esa vorágine comercial de fin de año llamada comprar-comprar-comprar.


Si hay tristeza del tango, no la es la de la mina que se fue del bulín. Es la de un pibe que mira una vidriera; la de su padre al querer regalarle algo, y no poder hacerlo. “Es que siempre te falta la guita.” Pensará, seguramente. “Siempre faltará la guita.” Pero la verdadera razón es otra. La vidriera es lo que hace que haya ventas, y la publicidad convence a la gente que a él también le gusta eso que ve. Es más, que necesita aquello que ve. Y cuando lo tiene, pues ya gusta otra cosa, o la moda hace cambiarla. Y el disco vuelve a empezar. Una sociedad más justa no diferenciará al hombre por su mayor o menor capacidad adquisitiva. Brindo por ella.


Amigos, amigas, compañeros de viaje del mundo entero. Felices fiestas. Y como no he visto renos últimamente en mi país, les hago llegar por esta vía mi regalo, que no podía ser otro más que… un tanguito. Bienvenido el 2009; y al 2008: chan-chan.



Fraternal (Canción de Navidad y Año Nuevo)

Canción

Música: Sebastián Piana

Letra: Francisco García Jiménez


Bien haya tener cariño

bien haya ignorar el daño,

la noche que nace el Niño,

la noche que nace el Año.

Saber que es la misma huella

la huella del buen andar

y hacer de la patria bella

la fiesta de un solo hogar.


No hay distancias para el puente

del alegre corazón,

ni fortunas diferentes

si es de todos la ilusión.

Las almas están presentes

y unidas en la canción:

No hay fortunas diferentes

que deshagan esta unión.

No hay distancias para el puente

del alegre corazón.


Venimos del año viejo

camino de nueva vida,

en un fraternal cortejo

de adiós y de bienvenida;

con flores de pampa y sierra,

con luces de cielo y mar...

y amor de argentina tierra

cantando en igual cantar.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Los clubes de barrio - Parte I



Perdones mil por las demoras. Es a mi nieto a quien debo culpar, y por elevación al mercado laboral actual que según él, lo hace trabajar en cuatro lugares para tener algo así como un sueldo digno. En fin…


Luna de Avellaneda

Para “ir al grano”, diremos que los ‘clubes’ son asociaciones de personas libremente reunidas en torno a gustos, opiniones, actividades en común. El ánimo de lucro no figura entre sus fines, aunque es claro que el financiamiento es todo un tema. En un club elitista se incorporan socios en base a la “exclusividad”, previa aprobación de un grupo de notables. En cambio un club popular se sostiene desde la “inclusividad”, el vínculo entre pares, la apertura a la comunidad, la participación. En aquellos de barrio nos enamorábamos, nos casábamos, festejábamos los cumpleaños de los hijos... Llevan el mismo nombre: “Club”. Nunca fueron lo mismo.

Pasando a lo que nos interesa, y contestándole un poco tardíamente al amigo Marcelo y Francisco, debo decir que el Club “Luna de Avellaneda” es una construcción poética del guionista de la película homónima, aunque habla de la realidad de muchos clubes. Por ello es que dirijo hoy mi memoria hacia esas instituciones tan caras a nuestra identidad criolla, en las que muchos inmigrantes encontraron, deporte y cultura mediante, una forma de echar raíces en suelo argentino / americano: Deportivo Español, Sportivo Italiano, Club Armenio, entre otros tantos del interior del país, no tan conocidos.

La importancia de los clubes de barrio fue dar a todo un grupo de gente la posibilidad de acceder a beneficios que individualmente les estarían vedados. No por nada surgen en nuestro país junto con las mutuales, las obras sociales y las cooperativas. Fueron algo así como una “sociedad de ayuda mutua”, con el deporte por objeto de intercambio social. Además era escenario de relaciones que podían o no continuar fuera del club. La barra de la esquina es un claro ejemplo de ello. Allí uno se instruía, no en el sentido escolar del término, sino en pensamientos de la vida (recuerden, si no, “Cafetín de Bs. As.”). Por todo ello pienso al club como una forma de amistad, en el sentido de lo que uno toma del otro y ofrece a su vez en intercambio. Comparto ahora con Uds. dos recuerdos personales, ligados al fútbol y al tango.

Los clubes de barrio - Parte II


Bien de barrio

Mi amigo Cacho, mentado ya en otras estampas tangueras, se hizo hincha de Gimnasia y Esgrima de la Plata a los 9 años, después de una conversación conmigo. Una tarde calurosa después de tomar leche con Toddy le pregunto: “¿Cómo no vas a ser tripero?”. Y así fue. Claro, todavía no llamaban a Gimnasia “El lobo”, por la ubicación de su cancha cerca del bosque. Esto recién sucederá en la década del 50. Mi formación preferida era… la pucha, no me acuerdo. Mejor dejo ese dato para otra ocasión.

Pero no solo me “tiraba” el más famoso club de fútbol de la ciudad de las diagonales. El club de mis recuerdos infantiles estaba en 9 y 70, y era bien de barrio. Se llamaba sencillamente Club Unión Vecinal. Recuerdo aún el aroma de las galletas compradas en el almacén de su esquina, acompañando un buen vaso de leche.

Nuestro club tenía su fecha dilecta para el tango: las murgas de carnaval. Los festejos se extendían varios días: domingo, lunes y martes. La última jornada terminaba temprano, porque al otro día todos volvían al laburo. En esos días los almanaques llevaban las fechas marcadas en rojo y eran feriado-feriado. Y para todo el mundo. Y la gente que podía juntar unos mangos se iba por ahí, a Mar del Plata, como los fines de semana largos de ahora. Para los que nos quedábamos, como mi familia, se armaban los desfiles callejeros. Mi hermana, de cuatro años entonces, acostumbraba a disfrazarse en casa con sus amiguitas, no sin cierta vergüenza. En el medio de la calle, en realidad en el centro de las dos calles, los socios armaban dos palcos con los chicos del barrio, y largaba el desfile infantil. Los pibes saludaban, y al cierre hasta había entrega de medallas y todo. Era una felicidad de la que todos (y nadie) eran dueños. El palco se armaba y desarmaba para otras ocasiones también. Eran épocas de buenos bailes, con orquestas que atraían gente de todos lados. Cerrando la década del 40, las formaciones típicas de D’Arienzo, y Roberto Firpo animaban el carnaval. Había que asistir disfrazados, escondidos detrás de caretas y ponchos, aunque igual todos supiéramos quién era quién. ¿Se acuerdan de esas estrofas que decían “…todo el año es carnaval?”

Para los años 50 yo ya había dejado el barrio para estudiar arquitectura en Tucumán, ciudad de referencia por la calidad de su enseñanza universitaria. Los amigos de la barra, siguiendo el “sueño del pibe”, fundaron un nuevo club en la sede de la Escuela Nº 65 de La Plata (actual Bartolomé Mitre, en 67 y 8). Al Sr. Luis Elberdin, que alquilaba su casa al Ministerio, le ofrecieron comprarle el terreno. Luego de un cruce de opiniones, decidieron vender, y el club selló así su suerte. Ahora hay unos grises departamentos. Un “Luna de Avellaneda” que llevó por nombre real “Club Cultural y Deportivo Dante Alighieri”. Entre esos “locos de la azotea” recuerdo especialmente a Tito Natale. Como dato curioso, según la carta de fundación el presidente debía tener la ciudadanía italiana. Su único presidente fue el Sr. Pirani, hasta donde yo sé. A pesar de su función social y cultural, no faltaban las partidas de truco o dominó, matizadas con unas “grapas” o un “tinto”. Mi papá, cuando paraba el camión repartidor y bajaban las bebidas para la cantina, decía en tono irónico “Vení, nene, vení, que están bajando libros para la biblioteca del Club”.


Memorias del Tucumán de ayer

En el Tucumán de mitad del siglo pasado, si de lugares para bailar se hablaba, había dos posibilidades: el cabaret o el club de barrio. Siendo una provincia del noroeste llama la atención que los asistentes a esas veladas siempre prefirieran el tango bailable al folclore. ¿Tendrá que ver con que Tucumán haya sido cabecera del corredor ferroviario hacia el puerto de Buenos Aires?

Y hablando de trenes, el Ing. Raimundo P. Buiatti., quien ya en otra ocasión hizo aportes al autor de estas líneas, compartió con nosotros la historia del Club Atlético Central Córdoba, de la Ciudad de San Miguel de Tucumán. Este club fue fundado el 18 de septiembre de 1914 por un grupo de empleados de Ferrocarriles Argentinos. Sus bailes de carnaval tenían gran aceptación entre socios y concurrentes. En los festejos de 1953 estuvieron invitados los famosos “Angelitos” (D’Agostino y Vargas). Además de tangos, sonaban pasodobles y milongas, hasta que a fines de los 50 entraron los ritmos tropicales: el baión y el chachachá.

La competencia de Central Córdoba, en términos musicales, era el “Solar de los Deportes” (donde solía tocar Juan D’Arienzo). El Solar estaba en calle Lavalle entre Próspero Mena y Miguel Lillo, y era un anexo del Club Atlético San Martín. Como dato anecdótico, el mencionado predio tenía también un cine al aire libre. Además estaban la Confitería “Casal” en la esquina de la Avenida Mate de Luna y Alem, “Parque Molina” en el Barrio de Floresta, y el Tango – Bar del Parque 9 de Julio, al estilo de “lo de Hansen” en Palermo.


Chan, chan!

Luego de nuestro recorrido por las calles de la memoria, no cabe duda que los clubes de barrio y el tango se conocen desde hace tiempo. Y hay muchos "Lunas de Avellaneda" en cada ciudad, en cada pueblo, en tantos barrios... Estos lugares, verdaderos teatros sociales, siempre serán el crisol donde se amalgaman vida, amor, amistad, fundando y refundando lazos. Ud... ¿conoce el suyo?

sábado, 30 de agosto de 2008

Acerca de la Guardia Vieja


Alguien preguntó: “Don Alvo: ¿cuándo empieza la Guardia Vieja?” Respuesta complicada, ya que la Guardia Vieja representa una etapa del tango que concluye, por ello es difícil decir a ciencia cierta cuando “empieza”. Sin ser historiador, y calculando “a ojo de buen cubero”, la Guardia Vieja tendrá unos 40 años de vida que van desde 1880 a 1920 aproximadamente, y solo por poner fechas. De allí salieron unos tanguitos lindos, aunque no sé si para escuchar todos los días. Un guardiaviejista diría “Así se toca el tango, y así se lo baila”, ya que representa la época en que este fue penetrando en la gente, en la sociedad. Como la música no es inmutable, el tango va cambiando su punto de vista, las letras que describen la cruda realidad a la vez van dibujando un nuevo diseño de sociedad.
Recordemos algunos cultores de este período juvenil del tango: Angel Villoldo, (“El choclo”, “El porteñito”), Genaro Esposito (“La pastora”, “Una percanta”), Eduardo Arolas (“El marne”, “Derecho viejo”), Ernesto Ponzio (“Caradura”, “Don Juan”), Agustín Bardi (“Gallo ciego”, “Nunca tuvo novio”), Vicente Greco (“Ojos negros”, “La paica”), sin querer ser exhaustivo, y así excusarme de injustos olvidos. Digamos que había distintas calidades de pianistas, guitarristas y pequeños grupos musicales. Los de la Guardia Vieja eran tangos sin letras, o con versos improvisados, tocados en peringundines, y demás yerbas, aunque también sonaban en otros lugares menos fuleros. ¿Quién no escuchó hablar de “lo de Hansen” o “María la Vasca”? Además había otras minas distintas que no eran para llevarlas al mueble, sino para bailar. Por eso podían ser bagayos, pero buenas bailarinas.

“Mi noche triste”, con letra de Pascual Contursi, sobre la música de “Lita” (Samuel Castriota, 1915) es considerado el primer tango-canción. Este género comienza a modernizarse con las primeras letras de calidad. Por eso se canta, se recuerda, sin saber casi de música. Los de la Guardia vieja eran temas concebidos intuitivamente, de “oreja”, repetidos de memoria, ya que muchos de sus ejecutantes no sabían nada de solfeo y menos leer y escribir en un pentagrama. Quienes tendrán el honor de oficiar de “puente” entre ambas etapas serán Francisco Canaro
y Roberto Firpo. Carlos Gardel vivió hasta el ‘36 y empezó a cantar tangos en el ‘15, es decir justo cuando aparece la letra. Él estuvo más allá de cualquier “guardia”, por eso lo de “cada día canta mejor”, reflexión popular post-mortem que habla del gusto por los mitos que tenemos los argentinos. O por lo menos, yo lo veo así.
Conclusión abrupta y sincera: hablar de la Guardia Vieja es hablar de evolución en el tango, de cambio. Interesa por su ubicación en los orígenes de este género musical, parte tangible de aquel momento mítico. Representa lo nuevo que se hizo viejo en su inexorable avance. Por todo ello, ¡viva el tango, viva la vida!

miércoles, 30 de julio de 2008

El humor en el tango


I. En 1911, Ricardo Güiraldes escribe en París: “Tango severo y triste. Tango de amenaza. […] Tango fatal, soberbio y bruto”. Un poco por sus orígenes, un poco por sorda repetición, nos fuimos haciendo la idea de que el tango es tristeza, melancolía, dolor, frustración. ¿Y la risa? “Estará en la milonga, quizás, o el candombe”, apuntará algún otario. Pero lo cierto es que en ese ámbito sórdido y fulero del tango pretérito, también hubo lugar para notas alegres sobre un fondo constante de tristeza. Los versos a veces son “una alegría que ruge y se dilata en carcajadas que huelen a alcohol”, como afirma Last Reason (seudónimo de Máximo Teodoro Sáenz, periodista uruguayo). Ecos de burla, de “cachada” cruel. Otras veces los poetas del tango usan el lenguaje llevado al límite, en clave de fina ironía o festiva travesura, describiendo mordazmente su realidad. Estamos hablamos, por supuesto, del humor.

Entiendo al humor como el hallazgo de algo diferente en aquello que ya no percibíamos por su cotidianeidad. El otro lado de las cosas. La prehistoria del tango está llena de versos picarescos, muchos de ellos burdos y sin calidad. Pero las letras de humor marrullero florecieron allá por los años 30. Los invito a explorar algunas estrofas notorias, usando el diccionario de lunfardo para aquellos que pierdan el hilo de la argumentación.

II. Para comenzar, tomemos “Haragán” (Tango, 1928), de Enrique Delfino y Manuel Romero. En su letra amalgama sátira y humor, cuando describe a una mujer “tirándole la bronca” a su pareja, que no quiere “laburar”:

¡Salí de tu letargo!
¡Ganate tu pan!
Si no, yo te largo...
¡Sos muy haragán!

Haragán,
si encontrás al inventor
del laburo, lo fajás...

[…]

Si en tren de cara rota
pensás continuar,
"Primero de Mayo"
te van a llamar.

Recordamos al lector extranjero o no avisado, que el 1º de mayo se festeja en Argentina el día del trabajador y es –por supuesto- feriado.

III. Otro ejemplo es “Al mundo le falta un tornillo” (Tango, 1933) de E. Cadícamo y J. M. Aguilar, el guitarrista de Gardel. Aunque la más difundida entre las versiones es la del uruguayo Julio Sosa, fue registrada en el año 33 por Carlos Gardel en una interpretación excepcional. Su letra trasunta los problemas de toda una época, incluyendo el crack de la bolsa norteamericana, el famoso viernes negro de 1929:

Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao...
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!

Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.

Y la conclusión del autor lleva también una jocosa recomendación “técnica”:

Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa' ver si lo puede arreglar.

IV. Nuestro tantas veces citado Enrique Santos Discépolo fue un maestro en el uso de la reflexión agresiva y el humor cáustico, como lo expresa en “Qué vachaché”, “Qué sapa señor” y -por supuesto- en su pieza más difundida: “Cambalache”. No le era indiferente tampoco un humor más melancólico y hasta nostálgico como lo demuestra en “Malevaje”, “Victoria!” y “Chorra”. Para no citar en demasía, refiero al lector a los vínculos presentes en el texto, y así podrá recorrer in extenso las canciones aprovechando el vehículo tecnológico de estas palabras.

Laura Ana Merello, más conocida como “Tita” se convirtió con “Se dice de mi”, (Milonga, 1943, Música: Francisco Canaro, Letra: Ivo Pelay), en un ejemplo del mejor humor con tonalidad autocrítica. La “vedette rea”, como fue conocida por mucho tiempo, supo sacar provecho a esta canción escrita originalmente para un cantante masculino, y finalmente coronada por el éxito en el film argentino de 1955 “Mercado de Abasto”.

Si fea soy
-pongámosle-
que de eso
ya yo me enteré,
más la fealdad
que Dios me dio
mucha mujer
me la envidió
y no dirán que me creí
porque modesta siempre fui.
Yo soy así.

Más cercanas en el tiempo, rescato otras dos representaciones: “Magoya”, canción escrita por María Elena Walsh e interpretada por Susana Rinaldi, y una parodia de tango registrada en el segundo disco de ese conjunto humorístico argentino, tan genial como original, llamado Les Luthiers. La primera hace referencia a un personaje imaginario llamado “Magoya”, a quien se suele culpar cuando algo sale mal o se pretende eludir alguna responsabilidad. En la segunda, sus autores toman “en clave de solfa” el vocabulario tanguero y un tema tradicional como es el de “la mina que se va del bulín”, pero con un desenlace totalmente inesperado. Escuchen:

Hay un coso que nunca da la cara,
Dios berreta que está en ninguna parte,
comodín que inventás para quejarte
cada vez que te venden un buzón.

Andá, contásela a Magoya
la de convoys que nadie te creyó,
discurso de milicos
o cheque volador.
Estamos hasta aquí de cuentos chinos.

(Magoya, Tango, 1971, Música: Héctor Stampone, Letra: María Elena Walsh)

Por qué te fuiste mamá
poca ropa me lavabas,
por qué te fuiste mamita
raras veces te pegaba.
Por qué te fuiste viejita
por qué ya no estás mamá.
Como madre hay una sola
amurado me largas.
Si no me pasas más guita
me vua' vivir con papa.

(Pieza en forma de tango, Tango, 1972, Letra y Música: Mario Abraham Kortzclap, [Les Luthiers])

V. Por último quiero dejar constancia de mi agradecimiento al Ing. Raimundo Pedro Buiatti, que en un asado familiar –y entre sendas copas de vino tinto- me arrimó este magistral ejemplo de tango humorístico que se llama “Hipo”, y que les dejo como “frutilla del postre”. La versión de referencia es la de Juan D’Arienzo y su Orquesta Típica, en la voz de Alberto Echagüe.

Esperando haber generado en Uds. otro sabor distinto al del “arrabal amargo”, tan típico del tango, me despido muy atentamente.

Su Seguro Servidor,
D. Solidario Alvo

El hipo
Tango
(1951)
Música: Enrique Alessio
Letra: Reinaldo Yiso

A las nueve menos cuarto fue su última palabra;
se imaginan lo contento -esa noche ni dormí-;
era martes, martes trece, pero eso qué importaba
y a las nueve menos cuarto "como fierro" estaba allí.

Ella dijo: Clavelina... Yo le dije: Pomuceno...
Yo sentía las trompadas que me daba el corazón,
cuando dijo: ¡Caminamos!..., yo le dije, ¡Caminemos!
y justito al declararme este hipo me chapó...

Usted sabe que la quiero, (hip) que la quiero con el alma,
que es muy grande este cariño que me rompe el corazón, (hip)
que mis noches son muy largas, que no tengo ni el consuelo
de mirarme en sus ojazos y contarle mi pasión... (hip)

Yo quisiera ser vereda para sentir sus pasitos,
ser la brisa que acaricia su cuerpito virginal, (hip)
y ella me miró sonriente, con un tono de cachada, (hip)
me largó la carcajada y se fue sin saludar...

Todavía no me explico que pasó aquella noche,
tan seguro que yo iba de ganar su corazón,
por la culpa de este hipo que salió no sé de dónde,
cuando más necesitaba las palabras del amor... (hip)

Unos dicen que éste hipo es herencia de mi abuela,
o de Hipólito, mi tío; yo lo único que sé,
que por el hipo maldito me quedé sin Clavelina, (hip)
y que estoy todo quemado del verano que pasé...